Nota de opinión: Más mujeres al Congreso

En el marco de la discusión sobre el proyecto de ley que propone que las mujeres ocupen el 50% de los cargos electivos, se ha desatado un gran debate a favor y en contra. ¿Queremos mujeres por el sólo hecho de ser mujeres? ¿Qué aportarían? ¿Qué pasa si ellas superan en cantidad a los varones? Aquí ofrecemos una reflexión acerca de la importancia de esta medida para nuestra sociedad.

Unos de los argumentos que más ha resonado en contra es la preocupación de que mujeres no idoneas nos representen. Sin embargo, las mujeres representan el 64% de los graduados universitarios argentinos, cifra que encuentra correlato en el hecho de que las mujeres legisladoras tienen mayor nivel educativo que sus pares varones.

Un trabajo de ELA sobre legislaturas provinciales, afirma que las legisladoras tienen estudios superiores en mayor proporción que los varones, la misma experiencia laboral y mayor tasa de presentismo. Si bien estas cifras pueden tranquilizar a algun sector, la realidad es que esta medida no tiene que ver con los niveles educativos u otras credenciales. Pero si vale la pena decir que no hemos visto hasta ahora mucha preocupación por el nivel educativo o la idoneidad profesional de los legisladores varones.

El objetivo central de esta medida es fortalecer a la democracia. En un país con 51% de habitantes mujeres, ellas merecen ocupar espacios que aún no ocupan. La importancia de que los Parlamentos reflejen la realidad de la sociedad radica en que cuánto más diversos e inclusivos sean, mejor reflejarán los intereses de aquellos que representen. La evidencia sostiene que los grupos más diversos y con mayor presencia de mujeres tienen ideas más plurales, producen más debate y tienden hacia la cooperación y no a la competencia.

¿Pero qué pasaría si hay más representantes mujeres que varones? ¿No estáriamos de nuevo frente a una injusticia de género? Hay que recordar que desde que se instauró la democracia, los varones, blancos y heterosexuales, han estado sobre-representados en los cargos públicos. Desde que la mujer puede ser electa, nunca ha llegado a ocupar el número de posiciones que reflejen su representación en la sociedad.

En Argentina, la mayoría de los representantes y decisores han sido y son varones. De los 24 gobernadores, 5 son mujeres. De los 22 puestos de gabinete nacional, 3 son ocupados por mujeres. Los hombres son mayoría en diputados y en el senado. Por lo tanto, cuando se plantea la preocupación sobre qué pasaría si las mujeres fueran mayoría, entendemos que se basa en un doble estándar: está mal, para algunos, que las mujeres superen a los varones en el Congreso, pero no está mal que los varones estén históricamente sobre-representados.

Sin embargo, y respondiendo a una genuina preocupación sobre la pérdida de representación masculina, la problemática se trabaja desde una perspectiva de género. Por ejemplo, en muchos países las mujeres tienen tazas de graduación universitaria más altas que los varones. En esos casos, se analiza qué pasa con los varones en la secundaria, ¿por qué no acceden o sostienen sus estudios universitarios? ¿Qué pasa con la presión por ingresar al mercado de trabajo y tener ingresos propios? ¿Acaso la necesidad de sostener el hogar está jugando en contra de sus trayectorias educativas? Todas estas variables deben ser tomadas en cuenta en el sistema educativo para revertir la situación. En cualquier caso y para todos los ámbitos, la búsqueda es por la igualdad y no por la primacía de un género sobre el otro.

A lo largo de la historia la mujer ha tenido graduales avances en el acceso a derechos, en el ámbito educativo, en el mundo del trabajo, en el acceso a puestos de poder. Los detractores de los cupos argumentan que la igualdad de género llegará sola, al estilo efecto derrame y en donde no es necesario tomar medidas de acción afirmativa.

En este sentido, vale la pena repasar algunas cifras. En el sector público, tras 25 años de la ley de cupo femenino el piso se ha transformado en el techo, promediando en todo el páis una representación femenina del 30% como establece la ley nacional desde 1991. Incluso, algunas provincias como Jujuy y Entre Ríos no respetan el pocentaje de mujeres en listas partidarias. Esto refleja la importancia de los cupos pero también sus limitaciones. En el país, no existe ámbito alguno donde la mujer tenga el mismo peso que el varón, incluso en ámbitos totalmente femeneizados como la educación, los varones logran erigirse como directores, líderes y ministros.

En el sector privado, las credenciales educativas de la mujer no han logrado trasladarse al mercado de trabajo. En las empresas, la participación laboral de la mujer se ha estancado en un 32% desde hace más de 10 años (el sector privado representa el 64% del total del empleo formal). Sólo el 8% de las empresas en Argentina tienen mujeres en cargos de alta dirección y 32% en cargos gerenciales. Las mujeres dirigen el 4% de las cámaras empresariales y el 3% de los sindicatos. En el sector privado, la mujer gana un 25% menos de sueldo que el varón por el mismo trabajo.
Si bien es cierto que las reglas formales permiten que la mujer participe libremente de la política, el hecho que aún la gran mayoría de los representantes sean varones habla de procesos que sostienen el status quo. Las reglas informales y nuestros preceptos culturales priman sobre aquello permitido. “Permitir” la participación de un grupo no supone una real participación.

Por ello, proyectos como la ley de cupos ayudan a lograr esta ansiada paridad pero deben estar acompañadas por medidas que trabajen hacia un cambio cultural, un entendimiento de los obtáculos que operan en contra de la participación de la mujer, acompañado por los medios de comunicación y otros ámbitos para generar una sociedad más abierta y pluralista. Tenemos que reconocer los prejuicios y estereotipos que operan en nuestro interior para entender que en general tenemos dobles estándares.

Esperamos que llegue un día donde a las mujeres se les exija la misma idoneidad que a los varones y no más. Sabemos que en este mundo las mujeres más capaces e inteligentes llegan a espacios de poder. Sin embargo, el día en que el mismo número de mujeres y hombres mediocres ocupen posiciones de poder, ese día seremos iguales.

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