¿Más acosos o más conciencia?

¿Qué tuvieron en común Uber, Binary Capital (financiadores de start-ups tecnológicos), UploadVR (start-up de realidad virtual), the Weinstein Company (productora de cine) y el Canal A24?

Todas estas empresas fueron noticia en el 2017 por casos de acoso sexual, por parte de alguno de sus directivos o personas con mucha visibilidad. Todos estos casos se han hecho masivos por las redes sociales (en algunos casos resultando ser la única manera posible de realizar la denuncia).

Los movimientos de mujeres, que se han masificado y gobalizado en los últimos años, han permitido des-construir ciertos mitos, como por ejemplo que los hombres poseen un irrefrenable instinto sexual o que las mujeres tienen la culpa de ser acosadas porque son provocadoras o que es normal que los hombres hagan bromas con contenido sexual.

Las resdes sociales han tenido un doble efecto: por un lado contribuyen continuamente al empoderamiento de las mujeres, asegurándoles que no es su culpa el ser acosadas, y por el otro brindan un espacio de contención para las denunciantes: donde muchas otras mujeres se suman a respaldar a la víctima. La campaña #MeToo, lanzada el 21 de octubre, puso en evidencia que el acoso sexual está presente en la sociedad en todos los niveles: se compartió al menos un millón de veces en twitter en las primeras 48h y 12 millones de veces en facebook en 24h.

El efecto Weinstein: después de que se hiciera visible el caso, muchos otros hombres famosos fueron denunciados.

Por otro lado hay que tener en cuenta que los casos de acoso sexual se dan en ambientes de trabajo que no son inclusivos (no se escucha a las personas diferentes), se permiten actitudes violentas (gritos por parte de los jefes a los empleados/as) y/o no se cumple código de ética. Este tipo de culturas, viciadas, pueden sostenerse en el tiempo porque un grupo de gente que conoce estos echos no los percibe como dañinos, o si los percibe, prefieren mantenerse callado.

Cronología de una muerte anunciada: la larga lista de escándolos previos al acoso sexual en UBER

¿Qué es el acoso sexual?

El acoso sexual, según la definición de la OIT, puede presentarse en dos formas:

  • cómo chantaje, cuando se condiciona a la víctima con la consecusión de un beneficio laboral (promoción, aumento de sueldo o el solo hecho de mantener el tabajo),
  • cómo ambiente hostil dando lugar a situaciones de humillación o intimidación de la víctima.

Los comportamientos que califican como acoso sexual pueden ser de orden físico, verbal o no verbal, por ejemplo:

  • Físico: acercamiento innecesarios, tocamiento, violencia física
  • Verbal: comentarios y preguntas sobre el aspecto, el estilo de vida, la orientación sexual, llamadas telefónicas ofensivas.
  • No Verbal: sílbidos, gestos de connotación sexual, presentación de objetos pornográficos
¿Quién sufre de acoso sexual?

Según datos de la OIT 1 de cada 3 mujeres ha sufrido acoso en el trabajo versus 1 de cada 10 varones.

¿Cuál es el costo del acoso sexual?

El acoso sexual tiene costo para la víctima, la organización y la sociedad.

En el caso de la víctima se pueden observar cambios de comportamiento (por ejemplo aislamiento), sufrimiento psicológico, enfermedades físicas y mentales sufridas por el estres, pérdida del trabajo.

En el caso de las organizaciones se obsevan deterioro del clima de trabajo, con efectos como ausentismo, alta rotación de personal, dificultad para cubrir puestos en las áreas donde se presentan casos de acoso, indemnizaciones y costos por acciones legales. En los casos nombrados en este artículo además hubo:

  • desvinculaciones masivas (en el caso de UBER al menos 20 altos funcionarios fueron desvinculados por su falta de acción ante los echos),
  • perdida de financiamiento (los financiadores son los que presionan a los directivos a tomar acción),
  • mala imagen en la prensa (en todos los casos),
  • juicios por violación de derechos civiles (The Weistein Company).

A nivel social se identifican costos en relación a la salud (por los tratamiento psicológicos), al trabajo (pérdida de personas activas en el mercado de trabajo), a la cultura (sostenimiento de la violencia de género) y judiciales (por los costos de los juicios).

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