Igualdad de género… ¿como estamos en América Latina?

Por Victoria Vaccaro

Es innegable que en los últimos años han habido grandes avances en materia de género, es claro y visible que gran parte de la sociedad comienza a entender y a apropiarse de los reclamos que históricamente han pertenecido al movimiento de mujeres, y es un hecho que estamos en la senda de la equidad de género.

Sin embargo, si bien siempre existieron resistencias a estos avances, estamos atravesando un momento en el cual se desconocen sin tanto recelo ni pudor, derechos adquiridos y consumados. Por eso, en este 8 de marzo pensamos en visibilizar algunos datos fácticos que muestran que las inequidades de género persisten porque el propio sistema las sostiene, y que no basta con que salga una ley para que los derechos sean accesibles y ejercidos.

Comparamos algunos indicadores de países como Argentina, Bolivia, Chile, México, Colombia, Perú y Uruguay, para visibilizar lo que nos queda por avanzar.

El peso del cuidado

Si bien especialmente en los últimos 30 años las mujeres se han ido incorporando masivamente al mercado laboral, llama la atención que en los países analizados la tasa de actividad de las mujeres sea baja y/o se haya estancado, especialmente si la comparamos con la de los varones. Por ejemplo, en Argentina 48 de cada 100 mujeres trabajan o buscan trabajo remunerado fuera del hogar, y 70 de cada 100 varones. En México, casi 44 mujeres de cada 100 lo hacen, mientras 77 sobre 100 varones están en esa situación. Es decir que en Argentina la brecha entre varones y mujeres económicamente activos/as es de 21,3%,  y en México del 33,76%. ¿Pero a qué se debe esto?

Muchas mujeres no están en el mercado laboral porque están en sus hogares o en el de un/a familiar, ocupándose de tareas domésticas y de cuidado que la sociedad les asigna por su condición de género, en el marco de un Estado ausente respecto a sistema de cuidados. En Argentina y México, donde menos de 50 mujeres de cada 100 trabajan o buscan trabajo, ellas dedican entre 45 y 54 horas semanales al trabajo no remunerado respectivamente, mientras los argentinos dedican poco más de 25 horas semanales, y los mexicanos no llegan a 20.

Estas brechas entre el tiempo dedicado al trabajo entre unas y otros se repiten en los otros 5 países analizados y en el resto de América Latina, donde sólo el 50% de las mujeres trabajan o buscan trabajo, mientras casi el 75% de los varones lo hace.

Desocupación y trabajo informal

Además, en todos los casos, las mujeres sufren más que los varones la desocupación, el trabajo informal y en consecuencia la pobreza. La tasa de desocupación (personas que buscan trabajo pero no encuentran) para América Latina es del 10% en las mujeres y 7,3% en los varones.  Esto, desde una perspectiva de género, está estrechamente vinculado con los efectos de la división sexual del trabajo, a partir de la cual además, se consideran más valiosas las actividades que realizan los proveedores del hogar que las cuidadoras del mismo. Por eso a quienes trabajan fuera del hogar les pagan, y a quienes lo hacen adentro, no.

Brecha salarial y licencias

A esta realidad se suman otros obstáculos que alejan a las mujeres de la autonomía económica ganada a partir del ingreso al mercado laboral: la brecha salarial de género. Según datos del BID, en América Latina ésta es del 17%. A este porcentaje tenemos que sumar la frustración que genera el techo de cristal que frena el ascenso laboral de las mujeres; la segregación horizontal que obtura las posibilidades de las mujeres de ejercer otros roles en organizaciones; e incluso las presiones que reciben quienes son madres o planean serlo debido a la diferencia en las responsabilidades determinadas para unos y otras. Mientras que en estos países las licencias remuneradas por maternidad promedian las 14,5 semanas, las licencias remuneradas por paternidad van de 2 días, en caso de Argentina que es el más bajo de la región, hasta los 8 días, con la única excepción de Uruguay que otorga a varones entre 10 y 13 días, según se desempeñen en el ámbito público o en el privado. Lejos están la mayoría de los países de contar con sistemas de corresponsabilidad en el cuidado equitativos como existen en los países nórdicos o en Alemania.

La búsqueda de participación política

Estas discriminaciones y dificultades que sufren las mujeres en el espacio del trabajo, se reflejan también en el ámbito de la política: sólo en Colombia y en México hay casi tantas ministras como ministros en los gabinetes presidenciales. Respecto a los parlamentos, encontramos mayores niveles de participación de mujeres debido a, principalmente, el establecimiento de cuotas o cupos que buscan garantizar el acceso de las mujeres a las bancas en porcentajes que van del 30 al 50%.  Incluso con leyes estos porcentajes no se lograron en todos los países. No podemos desconocer que el sexismo impacta también en este ámbito cuando 8 de cada 10 mujeres legisladoras afirman haber vivido situaciones de violencia de género a lo largo de sus carreras políticas, de acuerdo con el informe “Violencia política contra las mujeres en Argentina. Experiencias en primera persona.”, realizado por la ONG ELA en 2018.

Los avances fueron muchos, y hay mucho aún por hacer, por desmitificar, por romper. No está todo hecho, no es tan sencillo acceder en condiciones de igualdad a las oportunidades, no hay lugares para ocupar “naturales” para nadie. Este 8 de marzo y como siempre, seguiremos impulsando la lucha de las mujeres, que es nada más y nada menos que la lucha por una sociedad más justa y equitativa, que garantice a todos y a todas el goce a los derechos humanos en condiciones de igualdad.

 

 

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