Desigualdades y violencias en el mundo del deporte desde una mirada de género

Por Milena D’Atri

En este análisis nos proponemos reflexionar sobre algunas de las formas en que se construye la violencia en los deportes en general. Para eso, partimos de la definición del deporte como espacio social en donde se configuran y reproducen violencias. 

En primer lugar, tenemos que entender que los géneros son construcciones socio-culturales que indican formas “correctas” o esperables del ser varón, del ser mujer. Además lo que llamamos “sistema sexo-genérico binario” limita las formas de vivir el género a estas únicas dos opciones que, además, se caracterizan por ser opuestas en todo: mujer/varón, rosa/celeste, ámbito privado/ámbito público, artes o ciencias sociales/deportes, sensibilidad/agresividad. 

Cualquier característica que se salga de la norma, pone en juego la pertenencia al género. Si a un niño no le interesa el deporte, se lo imponen; si es demasiado sensible, se lo “endurece”; si quiere hacer danza, que sea una masculina (quizás hip-hop, pero no clásica).

Deporte como espacio social

Desde la infancia practicamos deportes y comenzamos a aprender las lógicas competitivas que luego pueden derivar en distintos tipos de violencias. Muchxs de nosotrxs debemos recordar aquellos momentos en que se “suspendía” el fútbol (terreno puramente masculino en ese momento) en la primaria. Hay muchos casos de padres que terminan a las piñas en los partidos infantiles de sus hijos.  

El deporte, como espacio social, reproduce violencias que existen en nuestra sociedad, al mismo tiempo que genera las propias. Específicamente hablando del tema de género, vemos cómo se reproducen algunas desigualdades y violencias que existen para con las mujeres y la comunidad LGBTIQ. Por ejemplo: 

En cuanto al deporte como trabajo: Específicamente hablando del fútbol, se siguen negando a las futbolistas mujeres los derechos que les corresponden como a cualquier trabajador/a. Si bien en los últimos años algunos países como Venezuela, Colombia y México han creado sus ligas de fútbol femenino, sigue existiendo una marcada desigualdad en cuanto a la profesionalización. Macarena Sánchez, jugadora del UAI Urquiza inició acciones legales contra el club por no reconocerla como profesional. A partir de esta campaña se visibilizaron múltiples problemáticas que enfrentan las mujeres en el fútbol. 

En cuanto al deporte como espacio predominantemente masculino: muchos deportes aún siguen considerandose como espacio solamente para varones. Algunos deportes siguen sin admitir ligas femeninas, en las escuelas se enseña educación física de forma separada, los premios y la atención mediática de las ligas masculinas son mucho mayores, etc. 

En cuanto al deporte en los medios: se siguen reproduciendo estereotipos de género cuando se habla de deportistas y también si analizamos quiénes están autorizadxs para hablar de deporte. La homofobia de los medios en relación al deporte es noticia conocida: desde tapas homofóbicas hasta la polémica publicidad “Putin” de TyCSports. El tratamiento de las mujeres tampoco es mucho mejor. Un caso paradigmático es el de Serena Williams a quien los medios han violentado de múltiples formas. No solo estereotipos, sino que también los medios incitan a la violencia en el deporte de distintas formas: antes de la final de Boca-River decían que era una “cuestión de vida o muerte”, que era “el evento más importante del mundo”… ¿Y les extraña que haya violencia?

Además, las mujeres periodistas deportivas enfrentan constantes cuestionamientos a su capacidad o autoridad para hablar de deporte. No solamente esto, sino que son víctimas de acosos, como pasó en varias ocasiones durante el Mundial de Rusia 2018. 

En cuanto a la violencia de las hinchadas: Los piedrazos de los hinchas de river al micro de boca fueron descriptos como la acción de “salvajes inadaptados”; cuando existe un sistema y una ética futbolísitca que los avala y los incita. Los insultos más comunes son homofóbicos y racistas; perder es comparado una y otra vez con el sometimiento sexual que, a su vez, está asociado a ser mujer u homosexual como características negativas; se le pide al propio equipo “poner huevo” como demostración de su hombría directamente asociada al ganar. Esto no sucede solamente en nuestro país: en la mayoría de los países con mucha historia futbolera hay casos de víctimas fatales, disturbios y enfrentamientos entre hinchadas.

En cuanto al deporte no profesional: Se dan casos de partidos entre amigos o padres de niños que juegan a algún deporte que terminan en golpes y/o insultos, por ejemplo. Algunos varones no ven partidos de fútbol con mujeres porque “traen mala suerte”, “solamente les interesa mirar a los jugadores” o “no saben ni lo que es un off side”. 

Deporte y masculinidades 

Cuando hablamos de violencias en el deporte, no podemos evitar mencionar el fomento a masculinidades tóxicas. ¿Qué quiere decir esto? Llamamos masculinidad hegemónica al conjunto de características que un varón debe tener para ser tal según los cánones más tradicionales. Algunas de las características que incluye son:  haber nacido biológicamente varón (tener genitales, cromosomas y hormonas masculinas), ser heterosexual, ser fuerte, ser el proveedor de la familia, no demostrar sentimientos, nunca ser vulnerable… y que le gusten los deportes. La masculinidad tóxica sería la exacerbación de esta masculinidad, lo que trae aparejado múltiples violencias. 

La violencia y la agresividad son dos características que están asociadas a los varones según estos cánones y que, si bien en algunos espacios sociales se condenan, en el deporte están (muchas veces) permitidas. La exacerbación de algunas características que son consideradas necesarias para ser “bueno” en el juego, como por ejemplo, la competitividad y la individualidad (aún en deportes de equipo) también son parte de esta construcción. 

Esto no quiere decir que el deporte en sí sea violento o sea lo que legitima las violencias. Pero sí tiene que ver con qué comportamientos se condenan y cuáles no, qué eventos financian las asociaciones y cuáles no, que no haya políticas públicas que fomenten la equidad en el deporte, etc.  

También, muchas veces se muestra a los ídolos deportivos de forma individual, incluso en los deportes de equipo. Esto fomenta una idea individualista de los triunfos. Se muestra a los ídolos deportivos como dioses y se fomentan ideales que no son realistas.

Mientras que se muestran estas características como deseables, se prohíben otras: mostrar debilidad o vulnerabilidad, ser pasivos, demostrar cualquier tipo de sentimiento que no sea la “pasión por la camiseta”, etcétera. Todas estas valoraciones tienen efectos en la forma en que los niñxs aprenden a relacionarse, en los modelos que imitan y en sus aspiraciones,  tanto dentro del mundo del deporte como en la vida en general. 

Por otro lado nos preguntamos ¿Por qué hay tan pocos deportistas profesionales que se declaren abiertamente homosexuales? ¿Por qué hay ligas de fútbol sólo para personas LGBTI+? ¿Por qué el mayor insulto en el fútbol es ser homosexual? 

Como mencionamos al comienzo, en el fútbol específicamente y en el deporte en general, tildar de “homosexual” es la principal forma de insultar. Los cánticos homofóbicos y las violencias entre hombres hacen que sea especialmente difícil para los deportistas asumir sexualidades distintas a la hetero. Algunos jugadores no-heteros experimentan miedo al rechazo de sus compañeros, a tirar su carrera por la borda, y/o a ser víctima de ataques.

Por esto se han creado ligas específicamente LGBTI: porque no está socialmente aceptado que los deportistas se declaren abiertamente gays. 

El deporte como espacio binario 

Esto quiere decir que se sigue separando entre deportes para mujeres y deportes para varones, como esas fueran las únicas dos formas posibles de vivir el género. Las personas transgénero, transexuales e intersexuales son víctimas de mucha discriminación en el ámbito del deporte. 

Las atletas mujeres trans son sometidas a análisis de niveles de testosterona, bajo la suposición que esta influye en el rendimiento deportivo. Esto se sigue realizando aunque haya estudios científicos que demuestran que no es así. La situación de los varones trans es distinta y ligeramente mejor: el comité olímpico internacional los deja competir en las ligas masculinas sin ninguna restricción. 

La situación de las mujeres cis tampoco es la ideal: si alcanzan determinado nivel de testosterona, tienen que probar que son mujeres. Esto deriva de concebir el ser mujer o varón puramente desde la biología y, además, exigir muchas más pruebas a las mujeres por no ser el deporte un espacio tradicionalmente para ellas. El caso de Caster Semenya, atleta sudafricana, obligada a tomar medicación para bajar sus niveles de testosterona: ¿quién dice qué nivel de testosterona es normal? ¿por qué a los varones no se les pide nunca un estudio de niveles de estrógeno? 

Nuevamente vemos cómo el deporte como espacio para las mujeres, tanto cis como trans, es constantemente cuestionado. 

Deporte, sexismo y medios de comunicación 

¿Quiénes escriben sobre deporte? ¿De quiénes hablan? ¿Qué dicen sobre los y las deportistas? ¿Qué muestran las publicidades de deporte? 

Distintos estudios muestran cómo la cobertura de los eventos deportivos reproduce estereotipos sexistas. El Observatorio de Género de los Juegos Olímpicos de Río 2016 relevó los siguientes datos: 

  • Solamente el 22% de las notas con autoría identificada fueron escritas por mujeres. 
  • Fuera del período de Juegos Olímpicos, solamente el 4% de las notas relacionadas con el deporte hablan de mujeres, pero durante los juegos se alcanza un 39%.
  • El 70% de las notas que hacen foco en la apariencia de los/las deportistas, son sobre mujeres. 

Datos como estos nos muestran que los medios de comunicación, a la hora de hablar de deportes, todavía son muy sexistas. 

Un caso paradigmático es el de Serena Williams, ganadora de 23 grand slam. El canal televisivo argentino TyC Sports anunció la vuelta de la famosa deportista con el siguiente zócalo “Serena Williams vuelve recibida de mujer”. Hechos como este muestran que, todavía, en sectores de la sociedad se piensa que el rol de las mujeres es principalmente la maternidad. 

También, los medios de comunicación fomentan masculinidades tóxicas en el deporte. Desde la representación de los deportistas, equipos, formas de vivir el deporte, los medios también son parte importante en la construcción de sentido alrededor del deporte. Por ejemplo, las tapas de diarios deportivos sobre la selección argentina son todas sobre Messi… ¿No era el fútbol un deporte de 11 personas? 

Las publicidades deportivas, el financiamiento a deportes de mujeres y de varones, los estereotipos sociales, los medios deportivos y sus periodistas, son algunas de las formas sociales que contribuyen a la reproducción de estos estereotipos. 

 

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