Revista Noticias: Comunicación, violencia y política

Por Marisol Andrés y Kathrin Ecke

Una vez más, el Grupo Perfil ejerce violencia simbólica y política contra una ex funcionaria. En este caso, la destinataria fue la ex gobernadora de la provincia de Buenos Aires, María Eugenia Vidal. La Revista Noticias, publicó una nota de opinión titulada “María Eugenia Vidal y el efecto Quique Sacco”. Otra vez, una mujer es noticia en relación a su pareja, su vida privada y sus relaciones afectivas.

Pero esta vez, además, el artículo pretende instalar que la “paliza descomunal” que vivió Vidal en las últimas elecciones queda en segundo plano, porque “el amor” no solo la convierte en “plena y feliz” sino que también le mejora la imagen pública de cara a futuras elecciones. Así, la bajada de la nota sostiene: “Cómo el amor convirtió a una candidata aplastada en las elecciones en una atracción mediática y con proyección para el 2023”.

La primera pregunta que surge después de la lectura completa de la columna de opinión es: ¿Alguien escribió o escribiría un artículo en los mismos términos sobre un varón de la política? ¿Alguien le dedicó una nota entera a la derrota de Mauricio Macri y a cómo el amor puede salvarlo a él y a su carrera política? “El amor cura las heridas, disimula los fracasos, tapa las elecciones. El amor convierte a una candidata perdedora en una atracción para los medios, un imán para los flashes, una ex gobernadora resucitada”, continúa Franco Lindner.

¿Periodismo o violencia simbólica?

Otra pregunta que surge a partir de la nota analizada es recurrente en el ejercicio del periodismo: ¿En nombre de la libertad de expresión todo está permitido? ¿Ejercer violencia simbólica y política también? La respuesta es y debería ser siempre, no. 

En este sentido, la ley N° 26.485 de protección integral para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra las mujeres en los ámbitos en que desarrollen sus relaciones interpersonales, se refiere a la violencia simbólica como aquella que “a través de patrones estereotipados, mensajes, valores, íconos o signos transmita y reproduzca dominación, desigualdad y discriminación en las relaciones sociales, naturalizando la subordinación de la mujer en la sociedad”

A pesar de este marco normativo, el autor del artículo subordina la figura de María Eugenia Vidal y sus posibilidades electorales a su relación de pareja. Y es entonces que nos surge la última pregunta que nos haremos en este apartado: ¿Cuál es el rol de los medios y de los periodistas?

Los medios de comunicación son actores clave en la construcción de agenda, así como también en la producción y reproducción de sentidos. Priorizan y seleccionan la información que será parte del debate público, y en el proceso, editores/as y periodistas pueden tomar decisiones sexistas que contribuyan a perpetuar las relaciones asimétricas de poder entre los géneros, o pueden promover la igualdad de género. 

Es importante entender que la opinión que una persona emita en su círculo íntimo no tiene el mismo alcance que la opinión de un columnista en una revista con amplia difusión. Por lo tanto, las responsabilidades son muy diferentes. Hacerse cargo de esa situación implica asumir un compromiso ético de respeto no sólo hacia las personas receptoras del contenido producido sino también hacia las personas mencionadas en él. 

Violencia política

Por otra parte, más allá de reflexionar sobre las responsabilidades del periodista y de la revista y cómo, a través de esta nota, crean, construyen y sostienen estereotipos de género que son claramente violentos, queremos repensar, también, sobre los roles de género y qué se espera de una mujer en un cargo político o como candidata a ocupar un cargo político.

La nota “María Eugenia Vidal y el efecto Quique Sacco” relaciona directamente su reposicionamiento y futuro éxito como posible candidata con su relación romántica, considerando su vínculo personal como un valor positivo para su candidatura. 

Sin duda las mujeres enfrentan muchos más obstáculos que los varones para llegar a ocupar espacios de poder y toma de decisión. Tan ese así que en noviembre del año pasado, el Congreso de la Nación aprobó la modificación a la ley 26.485 que incorpora a la violencia política como un tipo de violencia de género. 

El objetivo de la modificación fue tipificar la violencia política contra la mujer para erradicar y sancionar aquellas conductas con intención de menoscabar, anular, impedir, obstaculizar o restringir el ejercicio político de la mujer, vulnerando el derecho a una vida política libre de violencia y a participar en asuntos públicos y políticos en condiciones de igualdad con los hombres.

Si bien la modificación busca prevenir, erradicar y sancionar específicamente aquellas acciones o conductas que impiden el ejercicio político de la mujer, esta violencia excede las manifestaciones directas y se vincula sin duda al doble estándar que enfrentan las mujeres para ocupar cargos políticos. 

Es posible que el artículo refleje una idea que tiene parte del electorado que no solo  considera las capacidades de una mujer como posible gobernadora, legisladora o ministra, sino también su rol como madre, hija y esposa. Los roles de género son construcciones sociales y culturales que establecen asimetrías de poder, y que excluyen a quienes no cumplen con cierto “modelo”, que asigna habilidades “naturales” en relación a los géneros. 

Entonces, las mujeres tienen que mostrarle al electorado que cumplen con el estereotipo de género asociado a ellas como el de cuidadoras, que tiene un valor social positivo, y que se pone a prueba en su rol de madre, hija y esposa. Pero, a su vez, deben evitar mostrar aquellos estereotipos asociados a la mujer y valorados socialmente como negativos como son la debilidad, la sensibilidad, etc. Todo esto, además de demostrar que son idóneas para el cargo. Única variable tenida en cuenta respecto de los varones. 

Esta situación que enfrentan las mujeres en la política, le pasa a todas las mujeres que buscan desarrollarse laboralmente y en cualquier espacio, especialmente, en espacios masculinizados. 

Entonces, en lugar de evaluar si una candidata a un cargo político cumple con su rol de cuidadora, pensemos si tiene las condiciones y capacidades para resolver los desafíos que plantea la posición. 

 

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