De rugbiers y otros deportes

Por Georgina Sticco

El asesinato de Fernando Báez Sosa en Villa Gesell nos ha conmovido como sociedad. Sin embargo, no es un hecho aislado. Es un termómetro de lo que sucede con las masculinidades hegemónicas que violentan a las mujeres e identidades no binarias, pero también a los propios varones, especialmente a aquellos que no encajan en la heteronorma, que no son lo suficientemente “machos”. 

En La Plata, una joven denunció que fue amenazada por rugbiers luego de acusarlos de difundir videos íntimos suyos y de otras chicas. No hace mucho tiempo un egresado de la Universidad Siglo XXI, se burló de la lucha contra los femicidios mientras festejaba junto a sus amigos. Son moneda corriente las agresiones físicas a personas de la comunidad LGBTIQ+ y en los primeros 20 días de enero, hubo un femicidio cada 48 hs. ¿Los violentos, en este caso los rugbiers, son los únicos responsables? ¿Las instituciones se hacen cargo de las prácticas que en ellas se estimulan? 

Masculinidades violentas

Derecho a Humillar, la nota de Ramiro Bisa nos muestra el círculo de violencia desde adentro, que comienza cuando los varones ya desde pequeños son sometidos a presiones desmedidas, “bautismos” y “exposiciones”. Estas situaciones, muchas veces, están naturalizadas. Es decir que las personas, sobre todo las adultas, no las reconocen como violentas. Otras veces pueden ser reconocidas como tales y, sin embargo, ser toleradas o ignoradas.

Cuando el Club Náutico Arsenal Zárate o la Unión Argentina de Rugby emiten sus comunicados, no realizan un mea culpa. Diez de sus integrantes estuvieron, de alguna manera, involucrados en los acontecimientos. Estas personas pasaron años de sus vidas jugando al rugby. Las preguntas son evidentes: ¿las instituciones nunca se enteraron de una pelea? Los profesores, ¿nunca observaron las agresiones físicas (además del contacto circunscripto al deporte en sí)? ¿Qué hicieron en esos momentos? ¿Aprovecharon la oportunidad para darles talleres de ESI?

Pero además de su práctica deportiva, estos chicos asistieron a la escuela. ¿Allí nadie percibió la violencia en sus vínculos? ¿Hubo llamadas de atención? ¿Se aplicó como es obligatorio, la ESI?

Los responsables de la noche 

Por otra parte, es necesario preguntarse por la responsabilidad de los boliches. En el caso de Gesell la solución fácil fue echarlos del lugar. ¿Algún encargado del boliche tomó recaudos para que no se volvieran a encontrar los jóvenes que estaban peleando? ¿Llamó a la policía? ¿O el hecho de llevarlos a la calle fue una manera de desentenderse del problema?

Todos/as/es somos parte del problema, lo que no les quita responsabilidad a los jóvenes (preferimos no llamarlos rugbiers porque parece que estuviéramos nombrando a todos los que practican ese deporte), pero si suma responsabilidad a otros/as/es. 

Sería interesante analizar el contexto y los mensajes que han recibido estos jóvenes a lo largo de sus vidas que los llevaron a actuar de esa forma en ese momento. Cómo es que ante estas situaciones de conflicto, lo importante consiste en demostrar la masculinidad, sin importar el daño que puedan causar sus acciones y las responsabilidades ulteriores. 

Si queremos evitar que estas situaciones se sigan repitiendo, debemos reflexionar sobre cómo deben actuar y qué mensaje deberían transmitir tanto las familias como las instituciones deportivas y educativas que acompañan el crecimiento de los niños, niñas y adolescentes.