Autonomía económica de las mujeres: Horizonte y desafío

Por Marisol Andrés

Pensar las trayectorias de vida de las mujeres en términos de autonomía, permite examinar desde un punto de vista propositivo los distintos avances que son necesarios para lograr la igualdad de género. Utilizando el marco teórico de CEPAL, analizamos la interrelación entre la autonomía física, en la toma de decisiones y la económica, con especial énfasis en esta última.

 

La libertad de elegir

La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) define la autonomía de las mujeres de la siguiente manera:

“la capacidad y con condiciones concretas para tomar libremente las decisiones que afectan sus vidas. Para el logro de una mayor autonomía se requieren muchas y diversas cuestiones, entre ellas liberar a las mujeres de la responsabilidad exclusiva por las tareas reproductivas y de cuidado, lo que incluye el ejercicio de los derechos reproductivos; poner fin a la violencia de género y adoptar todas las medidas necesarias para que las mujeres participen en la toma de decisiones en igualdad de condiciones” (CEPAL).

A partir de esta conceptualización, especifica tres tipos de autonomía con miras a que se implementen políticas estratégicas destinadas a garantizar cada una de ellas. Así, se refiere a la autonomía económica como “la capacidad de generar ingresos y recursos propios a partir del trabajo remunerado en igualdad de condiciones que los hombres”. Por su parte, la autonomía en la toma de decisiones está vinculada a la “presencia de las mujeres en los distintos niveles de los poderes del Estado y a las medidas orientadas a promover su participación plena y en igualdad de condiciones”

Por último, la autonomía física “se expresa en dos dimensiones que dan cuenta de problemáticas sociales relevantes en la región: el respeto a los derechos reproductivos de las mujeres y la violencia de género”. En los tres casos, propone una serie de indicadores para hacer las mediciones correspondientes.

La interrelación

Según la CEPAL, la autonomía es un derecho humano fundamental, un elemento central para alcanzar la igualdad y una precondición para que las mujeres puedan actuar como sujetos plenos del desarrollo. En este sentido, es importante entender que las autonomías están interrelacionadas, es decir, que cada una de estas categorías influye en las demás. Algunos ejemplos:

  • La falta de autonomía física (violencia de género, imposibilidad de decidir sobre el cuerpo propio) tiene efectos negativos en la autonomía económica (ingresos propios, niveles de productividad, ausentismo y pobreza). 
  • A la inversa, la falta de autonomía económica (recursos propios como ingresos o propiedad de bienes) repercute en la autonomía física (es decir, en la posibilidad de salir de situaciones de violencia de género o de acceder a derechos sexuales y reproductivos).
  • La autonomía en la toma de decisiones (inserción en la actividad política) se verá afectada si las mujeres no tienen autonomía física (vidas sin violencias, decisión sobre sus cuerpos) ni económica (buen nivel de vida). 

Hacia la autonomía económica

Desde Grow consideramos que la autonomía económica es fundamental para que las mujeres puedan vivir vidas libres de violencias e incidir y participar plenamente en todos los ámbitos de la sociedad. A su vez, sostenemos que la manera más efectiva para garantizarla es promover su acceso al trabajo en igualdad de condiciones.

En el marco de una Cuarta Revolución Industrial no podemos –ni debemos– omitir la importancia que tienen las tecnologías en el futuro del trabajo. Ya en el Consenso de Santo Domingo (2013) la CEPAL había destacado que era imprescindible impulsar el uso de estas herramientas para evitar una nueva brecha de género que profundice las desigualdades. Siete años después la preocupación sigue siendo la misma.

El Foro Económico Mundial (WEF) destaca que los sectores con tendencia a la contracción del empleo son aquellos en los que predominan las mujeres (servicios) y que ellas tendrán dificultades para acceder a los trabajos que se crearán a partir de las nuevas tecnologías porque están subrepresentadas en las carreras de ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas (STEM). Según las proyecciones 2020-2022, las profesiones del futuro serán las vinculadas a datos e inteligencia artificial, ingeniería y computación, desarrollo de productos, producción de contenidos y, pueblos y culturas. Las mujeres sólo superan a los varones en las últimas dos. 

Ante este panorama, resulta fundamental entonces, no sólo que se promueva el acceso de las mujeres al trabajo, sino también su formación en las profesiones de mayor expansión. En Grow trabajaremos durante todo el año el concepto de #Corresponsabilidad para la igualdad en el mercado laboral, que no es ni más ni menos que concientizar sobre las responsabilidades compartidas de las instituciones. Así, promovemos el compromiso del Estado, las empresas y los sindicatos para garantizar la autonomía económica de las mujeres.

 

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