Aislamiento y corresponsabilidad en el cuidado

Por Kathrin Ecke

Ante la situación epidemiológica que atraviesa el país y el mundo, se modificó la forma en que solíamos organizarnos. El decreto 297 del 19 de marzo dispuso el aislamiento social, preventivo y obligatorio. Esto significa que trabajadores y trabajadoras del sector público y privado deberán quedarse en sus casas, manteniendo su derecho al goce íntegro de sus haberes habituales. 

Sin embargo, las personas que por las características de su trabajo realicen servicios declarados esenciales en la emergencia, de acuerdo al artículo 6 de la norma, quedan exceptuadas del aislamiento social, preventivo y obligatorio para poder mantener sus actividades laborales. 

Esta situación es particularmente compleja para quienes están exceptuados del aislamiento social y son progenitores, progenitoras, o personas adultas responsables a cargo del cuidado de niños, niñas o adolescentes, dado que el Ministerio de Educación de la Nación estableció la suspensión de clases en las escuelas primarias y secundarias para evitar la propagación del virus. Aún no se conocen cuáles serán las medidas que permitan que quienes tienen el cuidado de hijos o hijas a cargo puedan asistir a sus espacios de trabajo si su actividad fue declarada esencial. 

Previo a que se estableciera el aislamiento social, preventivo y obligatorio, el Ministerio de Trabajo estableció en la resolución 207/20 la ausencia justificada para quienes su presencia en el hogar resultase indispensable para el cuidado del niño, niña o adolescente, sin límite de edad. Esta consideración es indispensable para trabajadoras y trabajadores que no se ven obligados a permanecer en sus hogares durante el aislamiento preventivo y obligatorio y tienen personas a cargo que no estarán concurriendo a la escuela.

Sin embargo, ante este nuevo escenario, ni la resolución ni el decreto detallan ni aclaran si ante la ausencia justificada al espacio de trabajo quedará garantizado el goce íntegro de las remuneraciones para aquellas personas que por su actividad se vean exceptuadas de la obligación de permanecer en sus hogares.

Esta falta de aclaración podría habilitar distintas interpretaciones por parte de las organizaciones empleadoras. De hecho, muchas organizaciones del sector de salud ya han tomado medidas que implican que, ante la ausencia justificada de personal con hijos e hijas a cargo en edad escolar, se les descuente la remuneración.   

Desde Grow creemos que esta última interpretación de la resolución es especialmente perjudicial para las mujeres, ya que son ellas quienes dedican más tiempo a las tareas de cuidado. En las áreas urbanas del país el 83,4% de las mujeres que son madres, realizan tareas de cuidado en el hogar, mientras que solo el 12,9% de quienes son padres lo hacen (ENES, 2015).  

En ese sentido, es que consideramos esencial que, por un lado, el Ministerio de Trabajo incorpore la aclaración de que, ante la ausencia justificada del personal de las actividades y servicios declarados esenciales en la emergencia, se garantizará el goce de haberes para así evitar diversas interpretaciones y, por el otro, que las organizaciones empleadoras promuevan que tanto varones como mujeres hagan uso de esta licencia en caso de necesitarla, para evitar acentuar desigualdades de género.

Ante esta problemática Inglaterra, por ejemplo, al mismo tiempo que anunció el cierre de las escuelas, manifestó que estas permanecerán abiertas para la atención y cuidado de cientos de miles de niños del personal del sistema de salud y otros personas que ante la situación de crisis epidemiológica no pueden dejar de atender a sus trabajos. A su vez, Italia implementó un bono para las familias que no podían dejar de trabajar, para que pudieran contratar servicio de cuidado (600 euros al mes).

Desde Grow promovemos la corresponsabilidad en las tareas de cuidado. Ante una crisis epidemiológica, esto implica que desde el sector privado y público se promuevan estrategias como el teletrabajo y la incorporación de inasistencias justificadas con el goce íntegro de su remuneración, para que quienes trabajan y tienen personas a cargo puedan contar con flexibilidad. Esta situación no puede depender de que quienes tienen personas a cargo consigan apoyo o contención, si no que requiere de una respuesta coordinada. 

No está de más recordar que, según los últimos datos nacionales del INDEC sobre el uso del tiempo, las mujeres dedican 6,4 horas contra las 3,4 que dedican los varones a tareas domésticas y de cuidado no remuneradas. En condiciones particulares como las actuales, estas diferencias se pueden exacerbar. Es por esto que, además de las estrategias mencionadas en el párrafo anterior, recomendamos generar campañas de concientización acerca de la importancia de dividir estas tareas de forma equitativa. 

Es un momento difícil y para evitar tomar medidas que reproduzcan la desigualdades de género, tanto en el ámbito del hogar como en el de los espacios de trabajo, es necesario pensar, de forma conjunta, cómo organizar las tareas de cuidado y el trabajo.