¿Por qué el desplazamiento de Silvia M. Cassina no puede pasar desapercibido?

Silvia Martínez Cassina fue desplazada de la conducción de canal 13 luego de 23 años de trabajo y la recepción de este evento no fue silenciosa. Ahora, ¿por qué es más que una simple pérdida de trabajo de una persona?

Las nuevas tendencias del teletrabajo requieren de nuevos acuerdos entre los grupos de trabajo para alcanzar los resultados y no morir en el intento.

 

*Por Tatiana Ardissone

Silvia Martínez Cassina fue desplazada de la conducción de canal 13 luego de 23 años de trabajo. Ante lo cual podríamos preguntarnos: ¿a quién no lo han echado alguna vez de su trabajo? ¿Por qué su desplazamiento no pasa desapercibido?

A nuestro parecer, este evento es mucho más que una simple pérdida de un trabajo. No sólo se ha desplazado a una persona que goza de fueros por ser delegada gremial, lo cual es ilegal, sino que es un intento de silenciar una voz disonante. 

Los primeros rastros de un posible conflicto ocurrieron el 22 de junio cuando Martínez Cassina dejó de participar del programa que por lo general co-conducía con Sergio Lapegüe. La gota que rebalsó el vaso fue una publicidad emitida por canal 13 donde presentaba a los conductores de sus diferentes programas de televisión. No obstante, ‘casualmente’ Silvia no aparecía entre ellos. 

Ante ello no se quedó en silencio, como vemos en su cuenta de twitter. Y no está sola, una oleada de apoyo a la periodista y de repudio al canal la acompaña. Sin embargo, aún no ha sido restituida. Este suceso ya es de público conocimiento, así como el hecho de que Silvia es una reconocida activista feminista y partidaria de la ley de equidad en los medios. 

Foto tomada de la cuenta de twitter de Silvia M. Cassina

Foto tomada de la cuenta de twitter de Silvia M. Cassina

La voz de Silvia Martínez Cassina en los medios sobresale entre el mar de homogeneas voces de varones cis heterosexuales. Por consiguiente, su desplazamiento constituye un intento de preservación de un único punto de vista en los medios y la exclusión de aquellos divergentes y minoritarios. 

Ahora, ¿por qué hacemos énfasis en que la mayoría de los periodistas son varones?

La respuesta a esa pregunta es que no creemos que la presentación de noticias pueda ser neutra e ingenua: ¿cuántas veces dos personas narraron exactamente de la misma forma un mismo evento? Cada persona suele enfocarse en diferentes aspectos, según sus convicciones, experiencias y conocimientos. Simplemente no todos consideramos relevantes los mismos puntos. 

De esta forma, buscamos ilustrar que la neutralidad en los medios es una débil condición. Aquellas divergencias marcan heterogéneas perspectivas y delinean un punto de vista. Cada uno desde su lugar cuenta lo que le parece relevante y lo que ve, porque como seres humanos no somos omniscientes ni omnipresentes. Ahí es donde esa pretensión de neutralidad entendida como verdad absoluta y completa se derrumba. Siempre algún detalle se nos va a escapar. 

Como bien presenta Hannah Arendt (2015: 52) al reflexionar sobre la perspectiva teórica de Sócrates: 

“(…) el mundo se muestra de forma diferente a cada (…) (persona) en función de la posición que ocupa dentro de él, (…) (y la) objetividad (…) reside en el hecho de que el mismo mundo se muestra a cada cual y que, a pesar de todas las diferencias entre (…) (las personas) y sus posiciones en el mundo (…) tanto tú como yo somos humanos.”

En consecuencia, debido a que el mismo mundo se le presenta a cada uno de forma diferente, la diversidad en los medios debería ser uno de nuestros objetivos principales. Así cada uno desde su lugar particular podría aportar y generar una visión más integral para todas las personas. En otras palabras, la ausencia de múltiples y heterogéneas voces en los medios nos expone a la presentación de una única cosmovisión sesgada. En particular, como la mayoría de las visiones en los medios son de varones, solemos recibir noticias desde su punto de vista. De esta forma, la mayoría de las noticias que usamos para informarnos se encuentran teñidas por sus prejuicios, estereotipos, concepciones y conocimientos. 

Por último, y no por eso menos importante, el silenciamiento de la voz de Silvia Martínez Cassina no sólo es una ofensa contra su persona y una limitación a su libertad de expresión, sino que si lo dejamos pasar desapercibido corremos el peligro de que se genere un precedente de que cualquier voz disonante puede ser descalificada sin más.

 

Bibliografía consultada:

Crédito de fotografía: Infocielo