Hacia infancias libres

 

*Por Paz D’Urbano

El próximo 16 de Agosto se celebra en nuestro país el Día de las Infancias que generalmente se festeja con regalos, principalmente juguetes. Esta ocasión podemos aprovecharla para repensar un poco qué regalamos, qué tipo de juguetes elegimos para cada niño y cada niña  y qué mensajes les estamos dando.

En Grow, el año pasado realizamos un estudio sobre perspectiva de género en las publicidades infantiles. Se analizaron horas y horas de lo que se transmite en los canales para niños y niñas: qué tipo de juguetes se ofrece a cada público y la división clara entre juguetes para niñas y juguetes para niños, con estéticas y propuestas de juego completamente distintas. Además, se analizó el lenguaje corporal, la forma en la que se presentaron actrices y actores, incluso de qué manera se le venden productos a las personas adultas, según el género. 

Es verdaderamente impactante ver cómo el juego, que debería ser un factor de unidad entre niños y niñas, permitiéndoles explorar el mundo de manera diversa y sin categorizaciones rígidas, se ha convertido en un enorme promotor de la heteronorma y la reproducción de estereotipos de género.

Las niñas tienen un universo de colores pasteles y brillos, con juegos pasivos y relacionados al cuidado, mientras los niños tienen un paisaje natural, lleno de aventuras y juegos corporales. Ellos, protagonistas, valientes, ruidosos, ellas sentadas, sonriendo, pasivas. Obviamente no son todas las publicidades (ni los juguetes) iguales, ni se presentan de la misma manera, pero es abrumador que la gran mayoría caen en estos estereotipos reproductores de los mandatos patriarcales que calan en lo más profundo de las infancias , fomentando formas de jugar, de sentir, de vincularse y de ser.

No existe lugar para otredades. Los niños y las niñas  que no se identifican con la norma no se representan en ningún lado, y no sólo nos referimos a los estereotipos de belleza, que claramente ocupan el espacio en pantalla, sino también a quienes  no se identifican con su sexo biológico, o que lo viven de otra manera. Niños y niñas que desean comportarse diferente a la norma sufren constantemente el bombardeo de mensajes sobre cómo deberían ser, siendo esto una y otra vez lo único posible.

La niñez como etapa vital es el momento de la vida en la que nos descubrimos, en la que conocemos el mundo y entendemos lo que éste espera de nosotros y nosotras. El juego es la herramienta fundamental a través de la cual niños y niñas  pueden conocer, experimentar, comprender e internalizar. Si el juego se restringe, también sus posibilidades, si el juego divide, será mucho más difícil volver a unir.

A pesar de esto, existen opciones. Hay juguetes pensados para que cualquier niño o niña pueda jugar, hay que escuchar los intereses, los gustos, las propuestas que ellos y ellas nos traen y permitirles jugar. Que jueguen con “juguetes de niña” los niños, “de niño” las niñas, que sepan que las cosas no son rígidamente binarias, que hay opciones, que hay grises, que pueden ser lo que quieran ser. Está en nosotros y nosotras mostrarles que hay más, mucho más, que pueden vincularse de otro modo, disfrutar de otras cosas. La clave está en que transiten otros espacios, que jueguen de otra manera para ir encontrándose y construyendo nuevas posibilidades. Para que esto pase, es bueno primero recorrer nuestra biografía, recordar las sensaciones y creencias que sostuvieron nuestro juego, nuestras identificaciones, y sobre todo qué nos hizo sufrir para no repetir experiencias dolorosas. 

Recorriendo nuestra biografía vamos a poder reconocer esos momentos en los que tuvimos que elegir si íbamos a ser como queríamos, o como se esperaba que fuéramos , si íbamos a jugar a lo que nos convocaba o a lo que jugaban nuestros pares.La mirada del otro  u otra nos define, nos moldea, nos pone límites y nos marca la cancha. La mirada del otro u otra  no se cuestiona, se siente y se actúa en consecuencia. Por eso es tan importante que podamos recordar y cuestionar esas miradas que nos limitaron, y rememorar esos sentimientos positivos que nos dió el juego, que nos dió la exploración, que nos dió la libertad.

No son los niñas y las niñas  quienes dicen que es de nene y que es de nena, somos las personas adultas. Seamos concientes, seamos responsables, acompañemos con nuestras decisiones la apertura a nuevas posibilidades. Cuestionemos las formas tradicionales y rompamos esas normas que tanto daño hacen para fomentar infancias libres y felices.

Ilustraciones por Penélope Chauvie