Lo que nos dejó agosto: El descrédito del otro como forma de adoctrinamiento.

Frente al chiste de Sendra en Clarín, su nota de respuesta a críticas y un intercambio sobre el lenguaje inclusivo en el programa de Feinmann la semana pasada nos surgieron varios interrogantes. El principal: ¿por qué tanto odio hacia aquellas experiencias e ideas no compartidas?

Imágen extraída del video del programa Realidad Aumentada

*Por Tatiana Ardissone

La semana pasada hubo varios eventos que nos generan ruido y cuestionamientos: por un lado, el ‘chiste’ de Fernando Sendra en el diario Clarín sobre la Resolución General 34/2020, que busca fomentar la paridad en los directorios de organizaciones, y su respuesta a las críticas de aquel chiste; y por otro, el intercambio sobre lenguaje inclusivo en el programa de Eduardo Feinmann en A24, el día 14 de agosto. Al final de la nota describimos cada uno de ellos en detalle.

 

El descrédito del ‘otro’

A raíz de estos hechos, resuena fuertemente cómo grupos de personas que tienen el poder de la palabra resaltan la idea de un ‘nosotros’ y un ‘otros’, que es presentado como extraño, e incomprensible. En este sentido, usamos aquel término en referencia a los conceptos antropológicos de alteridad y otredad, que según Krotz (1994), es una diferenciación respecto de lo extraño, que surge a partir de la confrontación con singularidades desconocidas de otro grupo humano. De esta forma, un ‘otro’ es construido en contraposición al ‘nosotros’. En el intento de disculpa de Sendra es muy clara esta diferenciación cuando escribe ‘Ustedes son feministas y yo soy lo que puedo (…)’. Lo mismo es visible en el programa de Feinmann cuando Viale pide que dejen de bombardear a quienes son más tradicionales. Como si hubiese dos grupos en pugna por imponerse. De esta forma, se diferencian estos varones cis de un grupo que pintan como extranjero e incomprensible. Y desde su lugar de poder, que les brinda estar en un espacio de alta divulgación, como son los medios de comunicación, abiertamente desprestigian una alteridad. Sus discursos denotan: 1) incomprensión y ausencia de interés por conocer, 2) un doble discurso y 3) un alto nivel de impunidad.

La incomprensión y ausencia de interés por conocer la vemos en el programa de Feinmann y en la disculpa de Sendra en un mal uso del lenguaje inclusivo como producto de una indiferencia absoluta por comprender su correcto uso. Ninguno parece preocupado en lo más mínimo por aprender y corregir sus ‘errores’. En la respuesta de Sendra a las críticas de su chiste esto es patente cuando escribe ‘(…) personas. O persones, que se yo’. En A24, observamos lo mismo en el uso de ‘guite’, ‘’barbijis’, medies’ y ‘salimis’. En el caso de Sendra, esta actitud no sólo abarca el lenguaje inclusivo, sino también las razones por las que su chiste fue ofensivo y no fue un chiste para muchas personas. Simplemente se desentiende disculpándose si ofendió y nuevamente culpando al ‘otro’ de malinterpretarlo. Y en el caso del programa de televisión, percibimos esta postura en el hecho de que un solo panelista, Manuel Obarrio, haya intentado presentar la perspectiva ajena a la propia. Sin embargo, no demostró mayor interés por indagar más al respecto ni darle validez a la justificación enunciada. 

El doble discurso que combina una propia protección y agresión al ‘otro’ es visible, en el programa de Feinmann, en una gran contradicción. Por un lado, imploran protección de la presunta agresividad presente en el debate sobre el uso del lenguaje inclusivo. No obstante, por otro lado, el conductor del programa responde con violencia y ridiculizaciones reiteradas veces. Aquel odio y violencia hacia el ‘otro’ se observa en los insultos directos utilizados para referirse a quienes usaban aquel lenguaje, como ‘pelotude’ ‘tarade’ y ‘descerebrados’; y en la presentación de personas que no hablaban como ellos como incompetentes y ridículos. Un punto que queda muy claro cuando Feinmann expresa que ‘el problema (…) son les tarades estos de les maestres que hacen esto’ o ‘el tarade del juzgado que escribió lo que escribió’ y ‘la persona que escribió eso no puede estar trabajando en el tribunal de la República Argentina’. 

En el caso de Sendra, este doble discurso se manifiesta en el fuerte contraste entre su supuesta disculpa, por un lado; y sus quejas sobre los ‘otros’ que no coinciden con su visión y falta de reflexión sobre el carácter ofensivo de su chiste, por el otro. 

El elevado nivel de violencia desplegado sin trabas en el programa de Feinmann y en la “no disculpa” de Sendra, reflejan un alto nivel de impunidad. Gran parte de las expresiones impregnadas de odio e intolerancia presentes en el canal A24 el 14 de agosto ya fueron presentadas en el punto anterior. Sin embargo, agregamos las reacciones aún no plasmadas en este artículo sobre el cartel escrito en un juzgado usando lenguaje inclusivo : ‘¿quién mierda escribió esto? Yo creo que hay que echarlo por pelotude’, ‘imaginate que el bolude este el día de mañana sea juez federal’ y ‘hablen bien descerebrados’. En relación al video de un funcionario público de 19 años que mostraron en el programa, destaca por su total menosprecio el siguiente comentario: ‘pensa que con pibis como vos este país no salimis más’. Este tipo de agresiones, que dañan la integridad de las peronas, fueron dichas en medios de alta difusión sin ningún tipo de consecuencia.

La alta impunidad en el caso de Sendra se presenta de otra forma: en el ‘yo soy lo que puedo’. Él es como es y, al parecer, si es ofensivo para otras personas simplemente debemos aceptarlo, cuando no tiene porqué ser así. El hecho de que Sendra sea un comunicador en un medio de alta difusión inhabilita esa posibilidad, ya que sus chistes no son inocuos.

De esta forma, nuevamente nos encontramos en un sistema desigual con relaciones asimétricas entre los géneros llamado patriarcado. Este habilita a varones a dictar qué pueden y qué no pueden hacer las demás personas en base a lo que les molesta a ellos. Y lo hacen de forma impune mediante la descalificación de ‘otros’.

 

¿Existen retrógrados vs. avanzados?

En el programa de Feinmann y en la respuesta de Sendra a las críticas a su chiste se hace alusión a esta dicotomía entre retrógrados o ser de otra época respecto de ‘otros’. Al final del día el punto no está en cuán ‘evolucionados’ somos o no. No se trata de una carrera, ni de una competencia. De todos modos, como conector entre estos dos polos se encuentran los cambios culturales. Y un claro ejemplo de esto es el lenguaje inclusivo, un tema de gran centralidad en estos sucesos, que pareciera enfrentar a dos grupos. 

Como bien expresa Karina Galperín, doctora en Letras por la Universidad de Harvard, profesora y directora de la maestría en Periodismo de la Universidad Torcuato Di Tella, en una entrevista en 2018 ‘(s)i bien lo llamamos lenguaje inclusivo, en realidad quiere decir distintas soluciones a la incomodidad que se viene dando con el uso del masculino genérico (…).’ De esta forma, buscamos mostrar que el lenguaje crea realidades y elegir no usar este lenguaje es sostener un sistema que invisibilliza colectivos. Por sobre ello, decidir no cambiarlo y atacarlo tan violentamente es una decisión política.

En particular, nosotras esperamos que se expanda y logre cambiar realidades. Sí sería ideal que en algún momento la RAE lo entienda y acepte, como antes aceptó ‘brunch’, ‘beatlemanía’ y ‘cumplemés’ a finales de 2019. Ahora, a la hora de modificar un lenguaje funcional a un sistema desigual de poder al parecer no es lo suficientemente importante como para modificarlo o siquiera reconocerlo.

En este sentido, tanto Feinmann como Sendra van al ataque, porque les molesta perder privilegios. Además, resulta irónico destacar que ambos se muestran muy preocupados porque a ellos no les impongan una nueva forma de hablar, pero a la hora de ridiculizar y menospreciar eso mismo de los otros no hay problema alguno. Y al hacerlo haciendo eso lo mismo que no quieren que les hagan a ellos a los demás. 

 

¿Es una nueva tendencia la respuesta violenta hacia el ‘otro’?

Lamentablemente la respuesta es que el descrédito del otro y la desautorización de lo extraño y/o incomprensible no es una nueva tendencia. 

Históricamente se ha invalidado, menospreciado y temido al ‘otro’, a lo desconocido, a lo incomprendido. El etnocentrismo desplegado durante los últimos siglos resulta un paralelismo perfecto para el androcentrismo patente en todos los sucesos de la semana pasada que sostienen y perpetúan la posición del varón como medida de todas las cosas. Por etnocentrismo denominamos al conjunto de prejuicios que ‘(…) se fundan en un conocimiento del Otro cultural a partir del cual ese Otro nos devuelve la imagen imperfecta y retrasada de nosotros mismos (…)’ (Boivin, Rosato y Arriba; 2016) que se ejerció desde Occidente, particularmente, desde Europa. 

De esta forma, el androcentrismo actúa de manera similar al etnocentrismo con la diferencia de que el centro no se encuentra en Europa, sino en el varón. Uno de los eventos propulsados por el etnocentrismo fue el mal llamado ‘descubrimiento de América’ y su conquista, y todos los perjuicios a la población nativa que ello implicó. En vez de intentar conocer y comprender aquella nueva perspectiva, se optó por eliminarla con el uso de la violencia y desde un lugar de poder e impunidad. 

Con esto queremos transmitir el mensaje de que no podemos seguir repitiendo la misma historia una y otra vez en diferentes ámbitos: no conocer, no comprender, no intentar dar lugar a una visión diferente, ya sea por sentirse amenazado o con miedo a lo desconocido, nunca puede justificar su anulación y/o desprestigio. 

El patriarcado en acción son las acciones tendientes a anular, desprestigiar y desautorizar todas las ideas, experiencias y personas que no entran dentro del esquema de privilegios de varones heterosexuales cis, o puedan disminuir su posición son el patriarcado en acción.

 

Bibliografía consultada:

 

ANEXO

Por si no estás del todo al tanto de los eventos que abordamos…

En primer lugar, mostraremos el chiste. Luego, la ‘nota de disculpas’ de Sendra titulada Yo soy lo que puedo. Y por último, un breve relato de lo sucedido en A24 la semana pasada.

Foto 1 tomada de la cuenta de twitter de Laura Lastres.

Foto 2 tomada de Ámbito.

El fragmento del programa de Feinmann al que hacemos referencia comenzó, en el marco de la presentación de noticias de último momento sobre el COVID-19, con la novedad de que un Juzgado había utilizado lenguaje inclusivo en un cartel. Este comunicaba lo siguiente: ‘Se hace saber a les letrades y cuidadanes los medios de contacto con este tribunal’.

Así se desencadenó la burla al lenguaje inclusivo con cuestionamientos a modo de chiste. En vez de presentar su desacuerdo de forma respetuosa, Eduardo Feinmann optó por continuar con la gracia y decir ‘sabes que este cartel me da por les hueves’. Y desde ahí continúa escalando al proclamar ¿quién mierda escribió esto? Yo creo que hay que echarlo por pelotude’ y ‘la persona que escribió eso no puede estar trabajando en el tribunal de la República Argentina’. En paralelo, los compañeros aprobaron con su silencio.

Por su lado, Mariano Obarrio explica que este lenguaje ‘(…) forma parte de una ideología (…) la ideología de género (…)’. Y Jonatan Viale, por otro, proclama: ‘yo lo único que pido es con la gente que tal vez somos más tradicionales y nos gusta seguir hablando como nosotros consideramos que hay que seguir hablando no nos bombardeen’. También expone cómo al no estar a favor en muchos casos se los trata de ‘conservador’ ‘retrógrado’ y ‘anticuado’. De esta forma, Viale propone que ‘hay un nivel de agresividad en el debate’, haciendo alusión a quienes hacen uso del lenguaje inclusivo. No obstante, aquello que adjudica a los otros es encarnado momentos después por Feinmann al acotar ‘hablen bien descerebrados’.

Y las burlas y violencias continúan cuando muestran el video de ‘Luqui’, el director de adolescencias y juventudes dentro del Ministerio de Salud de la Nación. En el mismo observamos a dicho funcionario público usando lenguaje inclusivo en una serie de recomendaciones para cuidarse durante la pandemia. Entre las palabras que usa se encuentra ‘pibis’. Ante lo cual, los chistes y los comentarios agresivos y descalificantes recrudecen:

‘les pibis (…) pensa que con pibis como vos en este país no salimis más’ (Eduardo Feinmann)

‘le habla a los jóvenes Eduardo, les está diciendo cómo usar los barbijis’ (Jonatan Viale)

Automáticamente el enfrentamiento sobre el lenguaje vira a la contraposición de salarios: ‘me preguntan si gana buena guite’ (Jonatan Viale). Pero, el eje de confrontación entre generaciones se mantiene y la descalificación también: ‘vos imaginate los jubilados que nos están escuchando que se rompieron el lomo toda su vida (…) para con suerte haber comprado en algún momento un departamentito (…) y hoy ganan una mísera jubilación (…) y Luqui el pibis militando, acaba de salir de la secundaria y está ganando un sueldo de seis cifras’ (Eduardo Feinmann).

Para finalizar, el último insumo del programa en relación a esta temática fue el video de docentes de una escuela cantando una canción para los/las alumnos/as en lenguaje inclusivo. Nuevamente, Eduardo intercede diciendo ‘listo ya está les maestres (…) le están rompiendo la cabeza a los chicos’. Y como justificación de lo innecesario del uso del lenguaje en cuestión, un panelista invoca a la Real Academia Española (RAE):  la real academia se expidió en cuanto a que esto no es necesario (…) pueden usar cualquier expresión porque muchas de ellas incluyen…’. Seguido de aquel comentario, la máscara de progresismo aparece de la mano de Jonatan Viale al expresar que concibe que ‘(…) la verdadera inclusión es por otro lado: con sueldos más igualitarios, con más gerentes y mujeres gerentas, con educación, con igualdad de oportunidades’. Un paradigma apoyado por Mariano Obarrio. 

Por último, a modo de conclusión del segmento, Feinmann declara que ‘el problema es cuando el tema es de adultos, peor todavía cuando son les tarades estos de les maestres que hacen esto o el tarade del juzgado que escribió lo que escribió.’

 

Bibliografía consultada: