En Afganistán, el terror tiene cara de mujer

Por Marisol Andrés y Talia Szulewicz

El domingo, mientras el presidente Ashraf Ghani abandonaba el país y Estados Unidos sacaba al personal de su embajada, los talibanes tomaron Kabul, la capital de Afganistán. Estos movimientos no fueron espontáneos: cuando en 2020 Donald Trump anunció el retiro de las tropas americanas luego de 20 años de ocupación –decisión ratificada por su predecesor Joe Biden– los talibanes comenzaron a reorganizarse con claras intenciones de recuperar el control.

Debido a su complejidad, el análisis y la explicación de la historia de este país excede los objetivos de esta nota. Sin embargo, desde Grow consideramos fundamental dar a conocer los graves retrocesos que se esperan en la vida de las niñas y las mujeres a partir de lo sucedido estos días. Vale mencionar, que los talibanes son conocidos por su interpretación ultraconservadora del Islam y por las permanentes violaciones a los Derechos Humanos que tuvieron lugar durante su gobierno.

Cada vez más lejos del siglo XXI

Mientras gobernaron, entre 1996 y 2001, los talibanes aplicaron la Sharía –ley islámica– de manera ultraortodoxa violando los derechos y la integridad de las mujeres y las niñas. La Asociación Revolucionaria de las Mujeres de Afganistán (RAWA), tiene publicada una lista que intenta explicar tan solo algunas de las principales prohibiciones y castigos hacia ellas. Las dejamos a continuación:

  1. El trabajo femenino queda terminantemente prohibido fuera de los hogares. Solo unas pocas doctoras y enfermeras tienen permitido trabajar en ciertos hospitales de Kabul para atender a mujeres y niñas.
  2. Las mujeres tienen prohibido salir de casa para realizar cualquier actividad siempre que no vayan acompañados de su mahram, hombre de parentesco cercano, como padre, hermano o marido.
  3. Las mujeres tampoco pueden cerrar tratos con comerciantes masculinos.
  4. La atención médica es también precaria para las mujeres, ya que no pueden ser atendidas por sanitarios varones. Al haber un número tan reducido de médicas y enfermeras, son muchas las que no pueden acceder a una atención adecuada, lo que deriva en problemas de salud de diferente gravedad e incluso la muerte.
  5. La educación está vetada a las mujeres. No pueden acudir a estudiar a escuelas, universidades o cualquier otra institución educativa.
  6. Las mujeres no pueden mostrar ninguna parte de su cuerpo en público, por lo que están obligadas a llevar un velo largo que les cubre incluso el rostro (burka).
  7. Todas aquellas mujeres que no vistan de acuerdo a las reglas establecidas por los talibán o que no vayan acompañadas de su mahram serán sometidas a azotes, palizas y abusos verbales.
  8. Las mujeres que muestren sus tobillos serán sometidas a azotes en público.
  9. Las mujeres acusadas de mantener relaciones sexuales fuera del matrimonio serán lapidadas.
  10. Se prohíbe el uso de productos cosméticos. De hecho, durante el ‘reino del terror’ talibán entre 1996 y 2001 se reportaron casos en los que se amputaron los dedos a mujeres a las que se detuvo por llevar las uñas pintadas.
  11. Las mujeres tienen prohibido hablar o dar la mano a varones que no sean su mahram.
  12. Ningún extraño debe oír la voz de una mujer, por lo que las mujeres tienen prohibido reír en público.
  13. También está prohibido que las mujeres lleven zapatos de tacón, ya que pueden producir sonido al caminar (un varón no puede oír los pasos de una mujer).
  14. Las mujeres no pueden subirse a un taxi sin la compañía de su mahram.
  15. Las mujeres no pueden tener presencia en la radio, la televisión o en reuniones públicas de cualquier tipo.
  16. El deporte también está vetado para el género femenino. No pueden practicarlo ni acceder a ningún centro deportivo.
  17. Las mujeres tienen prohibido montar en bicicleta o en motocicleta.
  18. Está prohibido que las féminas lleven ropas de colores vistosos, ya que los talibanes dicen que son «colores sexualmente atractivos».
  19. Las mujeres no pueden reunirse con motivo de festividades con propósitos recreativos.
  20. No pueden lavar la ropa en los ríos o plazas públicas.
  21. En el régimen talibán, ninguna calle, plaza o avenida puede llevar la palabra ‘mujer’ en su nombre. Así, durante el régimen talibán en Afganistán de los 90, el «Jardín de las Mujeres» de Kabul pasó a llamarse «Jardín de la Primavera».
  22. Las mujeres tampoco pueden asomarse a los balcones o ventanas de sus domicilios. No deben ser vistas.
  23. Para evitar que cualquier extraño pueda ver a una mujer, es obligatorio que las ventanas sean opacas.
  24. Los sastres no pueden tomar medidas a las mujeres ni elaborar ropa femenina.
  25. Las mujeres tienen prohibido el uso de baños públicos.
  26. Existe segregación en los autobuses. Así, hay medios de transporte para hombres y otros para mujeres.
  27. Las mujeres tienen prohibido utilizar pantalones acampanados, incluso cuando estos quedan ocultos bajo el burka.
  28. Nadie puede fotografiar o filmar a mujeres.
  29. Además, está totalmente prohibido publicar imágenes de mujeres impresas en revistas y libros. Tampoco pueden colgarse imágenes de mujeres en casas y tiendas.

Asimismo, bajo el régimen talibán, está prohibido para toda la población escuchar música, ver películas y televisión, y es obligatorio que quienes tengan un nombre no islámico se lo cambien.

Los varones también tienen imposiciones con respecto a su imagen: los jóvenes están obligados a raparse el pelo y los varones adultos deben llevar indumentaria islámica, gorra y no pueden afeitarse ni recortarse la barba.

¿Futuro o pasado? Las primeras imágenes

Con el regreso del régimen talibán, una de las imposiciones más notorias sobre las mujeres tiene que ver con su vestimenta. En estas horas se viralizó la obra “Madre, hija y muñeca” o también llamada “La desaparición de la mujer” en la que se muestra esta transición obligada sobre los cuerpos de las mujeres a cubrirse. La fotografía es de la fotógrafa yemení Boushra Almutawakel, y pertenece a “The Hijab series” (2010).

 

Esta desaparición de la que habla la obra ya comenzó a verse en las calles de Kabul. Por un lado, dos fotos de Clarissa Ward, corresponsal norteamericana de la CNN en Afganistán, se hicieron también virales tras marcar un drástico cambio en su vestimenta con tan solo dos días de diferencia, antes y después de que la ciudad cayera en manos de los talibanes. “En las calles de Kabul hoy, estamos siendo testigos de la historia”, escribía en un tweet.

Luego Clarissa volvió a twittear señalando que la primera imagen estaba tomada en un estudio privado, mientras que la segunda en las calles, en donde siempre tuvo que portar un velo, pero no una abaya como se estableció recientemente. La diferencia continúa siendo notoria, aunque no tan marcada como aparecía en las primeras imágenes.

Por otro lado, el periodista Lotfullah Najafizada, responsable de la cadena de informativos TOLOnews también fotografió esta vertiginosa desaparición de las mujeres: en una publicación se ve cómo un hombre pinta sobre una vidriera para borrar la imagen de una modelo.

En este contexto, no solo se teme por la desaparición de las mujeres en el espacio público y su reclusión al interior de los hogares, sino también por la persecución de quienes se destacan en profesiones y cargos que ya no podrían ejercer, como es el caso de las periodistas, las juezas y las fiscales.

¿Y ahora qué?

Ante la estampida de afganos y afganas que buscan desesperadamente salir del país, los talibanes anunciaron una amnistía general e invitaron a las mujeres a integrar su gobierno. No obstante, los antecedentes mencionados hacen difícil creer que el terror sea infundado. En este contexto, el rol de la comunidad internacional es fundamental. El repudio y las manifestaciones no son suficientes. Es necesario y urgente que se garantice la salida del país a quienes teman por sus vidas.

Desde Grow consideramos que la situación desencadenada estos días, actualiza una advertencia histórica de Simone De Beauvoir respecto de los derechos de las mujeres. La autora francesa sostenía que estos nunca deben darse por adquiridos, porque ante cualquier crisis pueden volver a ser cuestionados. En este sentido, no solo quienes promovemos la igualdad de género debemos estar alertas, sino también todas aquellas personas que tienen un compromiso irrenunciable en la defensa de los Derechos Humanos.

 

Fuentes consultadas

 

En Afganistán, el terror tiene cara de mujer

agosto 17th, 2021|0 Comments

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